domingo, 18 de junio de 2017

Persuadir

Dice John Baldoni que un buen lider debe convencer a los miembros de su equipo y para ello debe utilizar argumentos que apelen a hechos sólidos. Según él, hay que apelar a la inteligencia, en primera instancia, y luego hay que apelar al corazón, porque a veces las razones no bastan para cambiar.

¿Y qué decir? Que si un equipo no persigue el mismo objetivo no es equipo, es un grupo de gente, un colectivo, un montón de humanos compartiendo el espacio (y quizá cobrando por ello un salario). Son las interacciones que se producen mientras se realiza una tarea las que construyen al equipo.

Por otro lado, más que una oposición entre mente y razón, hay que entender que existen dos formas de procesamiento intelectual: el lógico y el heurístico. Para quienes han desarrollado el primero, la inteligencia les permite identificar premisas, atender a la ley de paso, justificación o autoridad, razonar para llegar a conclusiones aceptables, no sin antes ejercitar la contraargumentación. Llegado a este punto, saben que hay que hacer "lo lógico".

Sin embargo, quienes sobreviven con el pensamiento heurístico, propenso al estereotipo y la lectura superficial del mundo, se dejan seducir por la frase bonita. Los mueve la consigna y quizá por ello hablan de la calidad y la calidez, la forma y el fondo, los retos y las perspectivas. Siempre están ocupados, no preocupados, faltaba más.

A los cerebros heurísticos no hay argumento válido y verdadero que los mueva (exagero, desde luego). La lógica no los convence. Las descripciones y explicaciones los enredan. Y se refugian en el reduccionismo. Prefieren las capsulas ideológicas que la crítica (cosa que por compleja resulta difícil cuando no agresiva. (Simplifico al extremo, obvio).

¿Es entonces cuando hay que apelar al corazón? Pienso que no. ¿Para qué?

Como dice Michel Hyatt, "seguimos siendo primates". O sea, si en el equipo hay alguien que no entiende razones, no hace falta sobarle los sentimientos, hay que darle banana. Y ya.


viernes, 2 de junio de 2017

Recuerdo a una mujer III

Recuerdo a una mujer. Recuerdo el tiempo feliz que trajo su presencia a mi vida. Recuerdo que cuando no estábamos juntos pensaba en ella todo el tiempo. Que su nombre vivía en mis labios. Que al imaginarla podía sentir su perfume. Que pasaba horas mirando sus fotografías, escribiéndole cartas o hablando por teléfono con ella.
Un día le declaré mi amor.
-¿Cuánto tienes ahorrado? -respondió.

Pasados los años puedo transcribir, aquí y ahora, íntegra la conversación, pero no tiene caso. En resumen: dijo que no.

Supongo que esperaba escuchar una cantidad mayor.