viernes, 16 de septiembre de 2016

Recuerdo a una mujer 2

Recuerdo a una mujer. Recuerdo su piel morena y sus ojos grandes, brillantes, oscuros. Cuando yo la miraba y Ella me veía sosteníamos la mirada. ¡Cuántos mundos pueden imaginarse en el silencio compartido! Recuerdo que tenía nombre de telenovela... y me gustaba pronunciarlo, repetirlo. 

Unos días era una chica ordinaria que podía confundirse entre la gente; otros, sin embargo, era hermosa, exuberante, imprescindible. Empecé a necesitarla. Llegó un momento en el que su presencia se hizo indispensable. Para decirlo con palabras de Julio Ramón Ribeyro, cuyos diarios estaba leyendo al comenzar el mío:

Mi pasión por ella se ha tornado violenta, obsesiva. Su sola presencia me produce como un gozo sensual difuso, no localizado, me extasía y me extenúa.

Algo así sentía. Terminé convencido de que mi amor hacia ella era genuino. Se acercaba y mi corazón latía, me robaba el aire, me dejaba sin palabras (supongo que ella lo notaba y se divertía mientras yo imaginaba el futuro en su compañía).


“No te vas a librar de mí, fácilmente”, dijo el último día en que nos vimos. Eso hubiera querido pero la vida es maestra en el arte de la ironía.


No hay comentarios:

Publicar un comentario