miércoles, 28 de septiembre de 2016

Cuento...

Recuerdo que antes de desaparecer cambió varias veces de nombre. Cada cambio implicaba un nuevo look, una nueva personalidad, una nueva habitación. Cualquiera juraría que era otra de tan distinta, pero su triste corazón era el mismo. Miraba siempre con ojos de artista. La vida le quedaba chica... Creo que me enamoré de ella cuando se llamaba Lulú.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Coincidencias

Lo que uno encuentra en el mundo real, también está en la red. Durante los últimos años internet me ha permitido conocer a personas muy interesantes. En la mayoría de los casos ha sido una cadena afortunada de accidentes: un hallazgo lleva a otro y así.

1. Hace unos quince años, más o menos, conocí en una sala de chat de Starmedia a una entrañable amiga. Durante mucho tiempo intercambiamos poemas. Ella tuvo la iniciativa y el 23 de septiembre de ese año me envió un correo electrónico con un poema de Elías Nandino, “Eternidad del polvo”, si la memoria no me falla. No fue extraño si pensamos que la noche anterior estuvimos hablando de si los amorosos están solos (cada uno por su lado) o solos (juntos y al margen de todo), discutimos si debíamos o no canonizar a las putas y cosas por el estilo.

2. Cada poema nos llevaba a la vida del poeta, su época, su estilo. La imagen, el ritmo, la idea que provocaba. Pronto me vi buscando más poemas de Nandino. Llegaron a mis manos además de Eternidad del polvo, Cerca de lo lejos, Ciclos terrenales, Erotismo al rojo blanco. Me leí la biografía novelada de Enrique Aguilar y la autobiografía, a manera de réplica, Juntando mis pasos.  Sin ir más lejos, el mes pasado compré el libro de Lilia Solórzano Esqueda, Elías Nandino, Entre la convicción y el temblor... Cuando inicié la licenciatura en Literatura creí que los alburemas serían un buen tema de tesis, luego me dio flojera y me titulé por promedio.

3. Un día, buscando en la librería algún otro texto de Elías Nandino me encontré un ejemplar de la primera edición de Del rojo al púrpura. Poemas de amor y piel, de Rodolfo Naró (2000). El título me hizo recordar al del libro que contiene los alburemas y picardías de Nandino. De los primeros, el que sigue:
Al no dar con la entrada, 
entré por la salida.
Pero esto no importa 
porque cualquier camino 
conduce a la avendia.
De las otras,
Vamos jugando el cuerpo 
en el cubilete: 
el que pierda lo pone 
y el que gane lo mete.
No tuve que llegar a la página 105 del libro de Naró en la que se encuentra un poema titulado “Erotismo al rojo blanco” dedicado a Nandino, el indicio se confirmó cuando en la cuarta de forros leí que “Rodolfo Naró (Tequila, Jalisco, 1967) fue uno de los últimos alumnos del maestro Elías Nandino”. La poesía del discípulo era alegre, juguetona y divertida. Por instantes aforística, como cuando dice “En el fondo del corazón / siempre hay una mujer”, en general iluminada por un erotismo sin rubores, como en “Anatomía del placer”:
Qué placer 
el placer del pecado 
Senderos de tierra caliente, 
Vergel de sexos inchados, 
Prohibida pasión, 
Climax de deseos inconfesados.
4. Durante la fiebre del blog, encontré en algún blogroll La columna chueca, el blog de Rodolfo Naró, del que me hice seguidor. Luego, pasados los años, nos fuimos al Twiter y al Facebook donde lo sigo leyendo.



5. Con el tiempo se reunieron en mi librero Amor convenido (1999), Árbol de la vida (2001), El antiguo olvido (2005), El orden infinito (2007, 2015) y Cállate Niña (2011). Y desde hoy, Lo que dejó tu adiós (2016), un recuento donde los alburemas no pueden faltar.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Tarde de placeres

He pasado esta tarde, como pocas veces, dedicado a los placeres: estuve en la presentación del libro de Gerardo Sifuentes, Paracosmos, ocasión propicia para el encuentro con amigos muy admirados y queridos. Gerardo y yo fuimos compañeros en la escuela. De esos tiempos data la amistad y el cariño. Sus éxitos me alegran. Acaba de recibir un premio de periodismo. 

Después fui a mi clase y ya se sabe que las clases cuando funcionan recargan las pilas. La docencia aunque ya no es tan gratificante como lo fue en otros momentos de la historia, gratifica.

Al terminar fui al teatro a ver Memoria crítica de Felipe Galván, una obra que apela por igual a las emociones y la inteligencia con su humor fino y un elegante manejo de la ironía... Felipe fue uno de los primeros profesores que tuve en la facultad. 

Uno crece cuando está en contacto con gente que tiene proyectos, que ama lo que hace, que se apasiona... Esto, sin embargo, a la gente que administra la educación se le olvida o nunca lo entiende (porque, parafraseando a Pascal, hay razones que la administración no entiende). 

Lo que soy y lo que sé se lo debo en gran medida a mis profesores y profesoras. Con Galván aprendí muchas cosas, pero lo que más le agradezco es que me haya ubicado. Con tres palabras me hizo comprender en qué universidad me había inscrito. 

Por la mañana había comprado el libro Inéditos y extraviados de Ignacio Padilla, sentí por un lado la alegría de hallar sus letras, por el otro, el golpe de su ausencia. En el trabajo, confirmé que tengo un gran equipo. Mejor aún, soy parte de un gran equipo. 

Ah, casi lo olvido: hoy la vi, me miré en sus ojos y supe que sigo vivo. Lo demás es prescindible.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Recuerdo a una mujer 2

Recuerdo a una mujer. Recuerdo su piel morena y sus ojos grandes, brillantes, oscuros. Cuando yo la miraba y Ella me veía sosteníamos la mirada. ¡Cuántos mundos pueden imaginarse en el silencio compartido! Recuerdo que tenía nombre de telenovela... y me gustaba pronunciarlo, repetirlo. 

Unos días era una chica ordinaria que podía confundirse entre la gente; otros, sin embargo, era hermosa, exuberante, imprescindible. Empecé a necesitarla. Llegó un momento en el que su presencia se hizo indispensable. Para decirlo con palabras de Julio Ramón Ribeyro, cuyos diarios estaba leyendo al comenzar el mío:

Mi pasión por ella se ha tornado violenta, obsesiva. Su sola presencia me produce como un gozo sensual difuso, no localizado, me extasía y me extenúa.

Algo así sentía. Terminé convencido de que mi amor hacia ella era genuino. Se acercaba y mi corazón latía, me robaba el aire, me dejaba sin palabras (supongo que ella lo notaba y se divertía mientras yo imaginaba el futuro en su compañía).


“No te vas a librar de mí, fácilmente”, dijo el último día en que nos vimos. Eso hubiera querido pero la vida es maestra en el arte de la ironía.


sábado, 10 de septiembre de 2016

Hacer dedos

Hoy en el taller de redacción de artículos académicos hablamos del blog. Cuando uno no está acostumbrado a escribir hay que hacer dedos, tomar papel y lápiz o encender el ordenador para expresar algo: lo que sea. Al principio cuesta trabajo, pero poco a poco las ideas se van soltando, fluyen y, lo mejor de todo, comienzan a acomodarse. Desde luego, es útil darse un tiempo para la preescritura: lectura de documentos sobre el tema, elaboración de esquemas, diálogo con enterados... Abrir un blog puede ayudar en estos casos.

En su libro Plataforma. Hazte oír en un mundo ruidoso, Michael Hyatt recomienda tener un blog. “Claro -me dirán- ese libro es viejo, se publicó hace cuatro años, actualmente ya casi nadie usa el blog. Los blogs han muerto”. No estoy muy seguro: si bien las redes sociales han favorecido la brevedad y la fugacidad de los textos, varios amigos han regresado a su condición de blogueros, quizá porque a veces hace falta extenderse y desarrollar ideas.

Para muchos de nosotros –dice Hyatt-, el corazón de nuestra base de operaciones es el blog, donde viven nuestras mejores ideas, el lugar donde otros pueden comentarlas e interactuar con nosotros, el nexo de nuestra red social.

Su recomendación incluye ocho pasos para sacarle provecho: elegir un tema (diario personal, tema central, miscelánea), elegir un servidor, establecer el blog, publicar la primera entrada, usar si se requiere un software externo, adornarlo, promoverlo y sobre todo publicar regularmente, ese es el reto. El blog demanda tiempo y exige ser constante.

Recuerdo mi primer blog: De lo pos a lo hipermoderno, surgió como un apoyo a mi trabajo docente. Respetuoso como soy de los derechos de autor no permito las fotocopias ni los archivos electrónicos, si no se cuenta con la autorización para distribuirlos (lo cual nunca sucede). Así que mis alumnos investigan, van a la biblioteca y comparten sus hallazgos, yo leo, resumo, hago reseñas y de ese modo no nos saltamos las leyes. La cultura de la legalidad se construye con hechos, no con discurso.

Luego vinieron otros: Bitácora de los días sin ti, Litoglosia y La musa capitalista (actualmente cerrados) fueron una exploración poética de la distancia, el silencio y la economía. Nadie dibujó tu nombre al mío fue un blog sobre el suicidio cuya reflexión pasaba por una historia de amor (alguien intentó apropiarse del texto y lo cerré, algún día publicaré la versión original). Las favoritas del profe incluye una serie de canciones que me gustan (hace mucho que no lo actualizo). También abandonado se encuentra Mis puntos sobre las íes, una serie de notas sobre redacción...


Los que se mantienen activos son El cuaderno amarillo con algunas reflexiones serias, Mermelada de piña, una parodia de consejos sobre administración de la calidad. Verano del 16 concluido por falta de ideas y este ficcionario diario que utilizo para que no se me olvide teclear. Se cuenta fácil pero son ya más de diez blogs.

lunes, 22 de agosto de 2016

sábado, 20 de agosto de 2016

Nota triste

Hoy me levanté tarde y la primera noticia que recibí fue la terrible muerte de Nacho Padilla... Un maestro de estilo, una inteligencia como pocas, un grande que no conoció la soberbia. Un tipo amable y generoso: gracias a sus recomendaciones descubrí la genialidad de algunos escritores que para mí eran sólo nombres... 


¿Por qué?, Nacho. Era cuestión de tiempo para que tu nombre apareciera entre los candidatos al Nobel y, antes, mucho antes, al Cervantes...

Con Nacho tomé un taller no curricular de reseña crítica en la Universidad de las Américas. En ese tiempo, Pedro Ángel Palou era rector y la institución tenía entre sus proyectos una revista que desde el primer número reveló sus pretenciones. Fuimos varios los compañeros leyendo lo mismo a Saramago que a Javier Marías y García Márquez, formulando juicios, escribiendo... 

Una tarde dijo:
-Me gustaría que reseñaras la nueva novela de Jorge Franco Ramos.
Salí corriendo a la librería y compré Melodrama
Lo leí. La reseña apareció en Revuelta.
Pero no es del autor de Rosario tijeras y Paraíso travel de quien quiero hablar, sino de Nacho, a quien en estas horas quienes lo conocimos repetiremos como un lamento que lo vamos a extrañar. Y sí, sentiremos su ausencia (y nos dolerá, a unos menos a otros más).

Su prosa sorprende por la riqueza léxica y su habilidad discursiva. Era genial, divertido... Algunos de sus libros tienen su autógrafo. Están en mi librero los mismo sus novelas que sus ensayos y textos infantiles, pero la obra que más me gusta es Heterodoxos mexicanos, un libro extraño en el que conversa con Rubén Gallo sobre algunos textos raros. 


¡Cuánta razón!, Nacho... a los mexicanos nos falta el wit inglés (y tú lo tenías, caray).

viernes, 19 de agosto de 2016

Simplemente, no.

No es que no quiera escribir. No...

Me hace falta tiempo
a veces
me hace falta inspiración...

lunes, 15 de agosto de 2016

Lectura de cartas

Recuerdo mi primer día como estudiante en la facultad. Recuerdo la primera clase: Realismo I con Sergio Ortega. Recuerdo además que, en la prepa, en mis horas de Literatura con Carrillo aprendí que el pizarrón sirve para dibujar (nada más) de modo que comenzar la licenciatura tenía un grato sabor a incertidumbre y novedad.

Sin más preámbulo que un resumen sobre el Realismo extraído de algún manual, comencé a leer Madame Bovary. Sin duda, la literatura está hecha de personajes entrañables cuya materia prima es la palabra. Si digo Kundera pienso en Tamina, si escucho Benedetti me remito a Beatricita y su voz inolvidable, y también en Avellaneda y Santomé, por ejemplo. 

Emma se colocó de inmediato en los primeros lugares de mis afectos.

Por un lado, el universo ficcional me envolvía irremediablemente; por otro, tenía la impresión de estar perdiéndome lo importante. Sergio me recomendó que leyera La orgía perpetua y, ni tardo ni perezoso, pasé a las librerías buscándola. “Está agotado”, era lo único que alcanzaban a decir los vendedores... Para mi fortuna, en el negocio de Carlitos Ponce había un ejemplar, un poco maltratado, pero “nuevo”.

Al comenzar a leerlo me pareció exagerado que Vargas Llosa alardeara de haber leído la novela de Flaubert media docena de veces antes de comenzar el ensayo. Hoy sé que no es una exageración, uno vuelve tarde o temprano a los libros cuya lectura constituyó una revelación... El título del ensayo remite a las cartas que escribió el francés. El premio Nobel usa una cita de la carta a Mlle. Leroyer de Chantepie, del 4 de septiembre de 1859, como epígrafe:

Le seul moyen de supporter l'existence, c'est de s'étourdir dans la littérature comme dans une orgie perpétuelle 

El proceso de escritura, la emoción del trabajo intelectual, el furor de las musas fue vivido por el autor de La educación sentimental como una prolongada, agotadora y compartida pasión gozosa. Madame Bovary lo atestigua, pero su valor no reside sólo en ello: "Hay, de un lado, la impresión que Emma Bovary deja en el lector que por primera (segunda, décima) vez se acerca a ella: la simpatía, la indiferencia, el disgusto", escribe Vargas Llosa y sigue: "de otro, lo que constituye la novela en sí misma, prescindiendo del efecto de su lectura: la historia que es, las fuentes que aprovecha, la manera como se hace tiempo y lenguaje", pero lo más importante: la novela vale por su relación con toda la literatura: con las obras que le preceden y le suceden.

El recuerdo viene a cuento porque pasados los años, llegaron a mis manos las cartas a Louise Colet en una bellísima edición de Siruela. Y, además, porque este semestre tengo alumnos que inician sus estudios de literatura y siento las ilusiones renovadas. Pero sobre todo, porque tengo una agenda muy apretada y necesito unos minutos para mí: una lectura que le devuelva el valor a las cosas importantes... Hay que gastar la vida en asuntos trascendentes: perderse en pendejadas es el destino de los miserables. En fin, vuelvo a las cartas y transcribo un fragmento para dejar constancia:

Jueves, once de la noche (6 de agosto de 1846)
Estoy roto, aturdido, como después de una orgía prolongada; me aburro mortalmente. Tengo en el corazón un vacío inaudito. Yo que era antes tan tranquilo, tan orgulloso de mi serenidad, que trabajaba de la mañana a la noche con un rigor persistente, no puedo leer, ni pensar, ni escribir; tu amor me ha vuelto triste.

Y quizá también busqué las cartas porque cuando no escribo siento que algo me falta o porque hay amores que nos vuelven tristes.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Problemita

Hoy desperté con dolor de cabeza. Mientras el analgésico hacía efecto me puse a pensar que tengo un problemita: vivo para lo que hago, en lugar de vivir de ello. Tengo que corregirlo.

sábado, 30 de julio de 2016

Aproximación al amor I

Hace algún tiempo, en una clase cuyo tema tenía que ver con La definición, explicaba su tipología y los procedimientos para redactar definiciones, cuando un estudiante interrumpió diciendo "me gustaría saber cuál es su definición de amor"... Respondí, más o menos:

El amor... sustantivo, masculino. Proviene del latín amor: amor, amor, amorem, amoris, amori, amore. Es un estado de excitación emocional que suspedende la razón y mueve la voluntad hacia otra persona (incluyendo la búsqueda de apareamiento). No debe confundirse con el cariño, la admiración o el aprecio, ni con el puro apetito sexual (aunque lo comprende), la pasión y el placer. Pertenece a los sentimientos intensos y se caracteriza por ser, hasta donde sabemos, humano (tengo mis dudas al respecto, sospecho que el amor existe en otras especies), por estar acompañado de un discurso que simboliza y valida el deseo, por necesitar del cuerpo y el tiempo para confirmarse. Requiere por tanto una serie de habilidades sociales, cognitivas, lingüísticas... aunque algunas de ellas pueden ser sustituidas por una cartera repleta de billetes. A riesgo de incurrir en el reduccionismo, creo que el amor es eminentemente erótico. Dependiendo del encuentro hay amores de primera y de segunda mano (también los hay de muchas manos), por su duración los hay cortos y largos, por la edad en que uno lo descubre hay amores de juventud, de madurez y de senectud, por la época del año en que ocurren hay amores de primavera, de verano, de otoño e invierno, por su carácter melodramático los hay de telenovela y ordinarios, de revista, de sociales e ignorados, por su estatus jurídico los hay legales e ilegales, legítimos y clandestinos, por su costo, los hay caros y baratos (no siempre el precio refiere calidad). Se habla del amor desinteresado (pero nadie lo ha visto)... El amor, la idea del amor y el discurso que lo vehicula sirven entre otras cosas para creerse el cuento de que la vida no es pura biología y esbozar un horizonte de trascendencia, es decir, crean sentido. El amor nace de las circunstancias, responde a un proceso biológico, adquiere forma en la mente, en el pensamiento, pasa por el lenguaje, se encausa por las formas de vida aceptadas socialmente y se reconoce en las instituciones creadas. Es un acontecimiento que se produce por el encuentro, transita por la convivencia y se consolida con la creación de un lenguaje común donde el cuerpo también es signo y símbolo,..

Mi estudiante escuchaba como si de verdad yo supiera qué es el amor. Nadie lo sabe. "El amor es siempre otra cosa", escribí en algún sitio. A veces tuiteo sobre el tema y es que a uno se le antoja entender el misterio.


Recuerdo esto porque hace unos días escribí que el amor es la simbolización del deseo. La expresión gustó. Supongo que alguien ya lo ha dicho antes, suena lógico. Desde luego, Alain Badiou no estará de acuerdo conmigo. Diría que estoy hablando del gozo, que se agota en el cuerpo y paradójicamente aleja de la otra persona. El amor, desde su perspectiva, es una aproximación a la amada, en su caso, en su condición de alteridad, lo cual constituye "la posibilidad de presenciar el nacimiento de un mundo" y el donde el cuerpo no es el fin sino la "garantía de la palabra". Volveré al tema, sin duda, porque pensar el amor exige un ejercicio intelectual más serio.

lunes, 25 de julio de 2016

Recuerdo a una mujer 1

Recuerdo a una mujer. Recuerdo su piel blanca y sus ojos negros. Recuerdo que una mañana, hace mucho tiempo, conversábamos y de pronto puso en su mano un poco de Miguelito (una mezcla de chile en polvo y azucar), la acercó a su boca y la lamió.
-¿Quieres? -me preguntó extendiendo la mano.
Dije que no.

Hará de eso unos cuarenta años. Si la memoria no me falla, ella estaba en primero de kinder y yo en preescolar.

Esa tarde llegué a casa y le dije a mi madre que me casaría cuando cumpliera veinticuatro años.

Recuerdo a esa mujer. Recuerdo sus ojos negros mirándome mientras lamía su mano.

miércoles, 20 de julio de 2016

Hallazgo

Sigo leyendo los diarios de Julio Ramón Ribeyro. El 30 de septiembre de 1955 escribió:

Creo haber encontrado la razón intrínseca de los diarios íntimos: tenerse a uno mismo como interlocutor.

Tiene razón.

domingo, 17 de julio de 2016

Las buenas preguntas no admiten respuestas fáciles

Estoy disfrutando mucho la lectura de los diarios de Julio Ramón Ribeyro. Me resulta simpático e, incluso, empático. En alguno de sus cuadernos escribió "es extraño: he notado desde algún tiempo que he perdido mi capacidad para enamorarme".

Y es que enamorarse no es fácil. O sí, pero no.

¿Conservo la capacidad de enamorarme? Las buenas preguntas no admiten respuestas fáciles. Se antoja, cosa que no haré hoy, aventurar una definición de amor o al menos una metáfora. Diré, sí, que viene a mi mente una conversación con mi amiga Lesbia:

-Enamorarse es difícil porque con los años se agranda el egoísmo- sentenció ella hace más de veinte años cuando yo aún buscaba trascendencia detrás del deseo...

Le he perdido la pista (espero que esté bien).

-Lo que pasa es que con la edad te vuelves más exigente- me ha dicho un par de ocasiones Eloína y quizá tenga razón. Pero, ¿eso afecta la capacidad de amar?  Quizá. Con la edad se encoge el corazón, por eso los errores que valen la pena son los que se cometen en la juventud.

Y sin embargo...


sábado, 16 de julio de 2016

Ideas que vienen a la mente

Cuando se dice la palabra diario muchos piensan en Ana Frank; yo pienso en Anais Nin.

(Desde luego, no estamos hablando del periódico).

viernes, 15 de julio de 2016

Recuerdo de otros diarios

No es la primera vez que inicio un diario. Los motivos para escribirlos han sido muchos, desde la más pragmática toma de notas hasta el inexplicable gusto de rayar un cuaderno bellísimo. Recuerdo que por el 2011 daba clases en una preparatoria y recopilaba las anécdotas en un Moleskine. La marca ha dejado de importarme, pero si me dan a elegir no me gusta apuntar en cualquier papel. Recuerdo también una bitácora de lecturas que comenzó con un texto de Jorge Volpi, transcrito de Oscuro bosque oscuro. Esa mañana compré el libro y pasé a tomarme un café en el Sanborns: no me levanté hasta concluir la lectura... El cuaderno tenía las pastas amarillas, no podía ser de otro modo.


Los cuadernos se han ido juntando y combinando con otros registros de lo cotidiano en blogs y redes sociales, donde no han faltado las palabras de amor... Pero creo haber encontrado por fin la clave, la razón, el por qué de esta insistencia: "Todo diario íntimo -escribió Juan Ramón Ribeyro el 29 de enero de 1954- surge de un agudo sentimiento de culpa. Parece que en él quisiéramos depositar muchas cosas que nos atormentan y cuyo peso se aligera por el solo hecho de confiarlas al cuaderno". También apuntó que todo diario íntimo es "un prodigio de hipocresía", "nace de la soledad", "es un síntoma de debilidad de carácter", "un problema capital" que jamás se resuelve, pero sobre todo, una escritura "desde la perspectiva temporal de la muerte".

Algún día apuntaré mis reflexiones al respecto.

jueves, 14 de julio de 2016

Hoy es un buen día

Hoy es un buen día para comenzar un diario. Otro... Lo sé porque esta mañana llovía. Lo sé porque al despertar me sentí completo: estaban conmigo mis cinco gatos en la cama. Lo sé porque la necesidad de escribir me obliga. No es que esté lleno de historias, tampoco traigo teorías de importancia e interés. Es sólo que a veces me dan ganas de darle forma al mundo con palabras o algo así.

Podría comenzar diciendo que no me depositaron la quincena o que Ella no está aquí, pero -como escribiera Tedi López Mills en La invención de un diario- "tendré que convertir las malas noticias en buenas".

¡Qué sea lo que los dioses quieran!